Ya en su prólogo, Patrick Rothfuss nos
previene de que “quizá no queramos comprar este libro”, haciendo
un favor a todos los no-lectores de Crónica del asesino de reyes. Con esta advertencia, el autor deja claro que esta historia
sólo está destinada a los que sí somos lectores de esta trilogía
(o de lo que hasta ahora se ha publicado de ella), sin garantizar
tampoco que nos vaya a gustar, ya que no narra ningún argumento que
repercuta en el desarrollo principal de la historia de Kvothe.
Auri es probablemente el personaje
secundario más enigmático de El nombre del viento y de El temor de un hombre sabio. El que pase a ser protagonista en La música del silencio nos va a permitir acompañarla por unos días
en su vida cotidiana, comprender su peculiar manera de percibir las
cosas y conocer un poco más de la Subrealidad. En caso de que estés
interesado en todo eso: este libro te gustará.
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| Fragmento de portada de La música del silencio |
He de admitir que en mi primera toma de contacto experimenté cierta desilusión, no tanto porque lo que leía fuera malo (que no lo era), sino por lo difícil que se me hacía avanzar en la lectura, ya que tiene una narrativa alejada de lo convencional, más cercana a la lírica. Comencé el libro muy poco después de finalizar La verdad sobre el caso Harry Quebert, de una narrativa más convencional, el fuerte contraste que supuso el paso de una novela a otra fue la principal razón por la que me costó asimilar la original forma en que se contaba la historia. Como decía, aquello sólo sucedió el primer día, pues devoré el resto del libro en poco tiempo (para lo que viene siendo habitual en mí). Todo esto lo digo para evitar que otros lectores en la misma situación desesperen si al empezar a leer les resulta igual de tedioso como lo fue para mí. Esta no es una novela del tipo Agatha Christie (por ejemplo) donde todas las acciones conducen a un desenlace revelador, esta obra está enfocada a disfrutar del hecho de leerla, sin impaciencia.
Por último, ante la pregunta de qué
nos aportará este libro una vez acabado, mi respuesta personal
sería: una visión diferente de las cosas (los objetos inanimados,
sus posiciones, los espacios, etc.). Destacan los numerosos
personajes secundarios que, sin manifestarse mediante diálogos sino
por su mera existencia, consiguen ganarse la simpatía del lector.
Por ser estudiante de arquitectura, han tenido un especial atractivo
para mí los nombres asignados con acierto a los diferentes sectores
de la Subrealidad (mejor dicho, éstos no fueron asignados sino que
ya estaban allí, Auri simplemente se ocupó de sacarlos a la luz).

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